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¡Muy buenas! Hoy te quiero compartir algo que me ha traído de cabeza por unos días. El tema es que se me metió entre ceja y ceja hacerme con un segundo monitor. Imagino que sabes de lo que hablo. Al principio una ligera idea asoma por tu cabeza, después va cobrando forma hasta que ya no hay vuelta atrás. Tu siguiente adquisición tecnológica va a ser sí o sí.

Bueno, quizás tu no compartas este timeline mental, pero te aseguro que es casi un ritual para mí. El tema es que hace unas semanas empezó a cobrar fuerza la idea de tener dos monitores en mi escritorio. ¿Necesidad? Para nada. Pero por las tareas que realizo en los últimos tiempos con mi viejuno Mac tener dos monitores es un plus de comodidad. Quería pasar de la pantalla dividida a la doble pantalla…

Últimamente trabajo mucho con datos, y al haber probado una demo de trabajar con dos monitores (la Surface conectada a un monitor externo), el concepto me gustó. Eso de no tener que andar minimizando ventanas para abrir otras en un bucle continuo me fascinó. Así que la idea entró como un inofensivo virus pasajero que había inoculado mi mente para crecer exponencialmente reclamando el paso por caja.

Como esperas,  hace dos semanas cargué una gran caja en el maletero de mi coche, con la ilusión del que no sabe que lo que pretende no es cosa de coser y cantar. Sí, porque una cosa es abrir la caja y plantar el monitor sobre la mesa, y otra muy diferente es hacerlo funcionar como un monitor extendido (que una pantalla sea la continuación de la otra y no un duplicado).

Un Splitter sólo duplica la pantalla

Mi primer paso fue comprar un splitter. Seguramente tú ya lo sabes, pero yo era un completo analfabeto de ese submundo geek del doble monitor. Ni papa del tema, vamos. Pero pronto me di cuenta. Un splitter solo sirve para duplicar la pantalla. Lo mismo que se ve en una, se ve en la otra.

Cómo podrás imaginar, al final he solucionado el tema. Y de la forma que nunca me habría imaginado. Poner dos monitores en mi viejo iMac del 2010 no era tarea sencilla. El iMac solo cuenta con un Puerto minidisplay, nada de Thunderbolt ni de usb 3.

¿Dos monitores para un iMac?

Si, has leído bien. Tengo un iMac que uso de torre. Lo rompí en una de sus múltiples cirugías plásticas. Quizás me taches de blasfemo por profanar el templo de la manzana mordida, pero oye, yo quería un SSD y se lo puse. No fue allí cuando se me rompió, sino en una posterior apertura cuando cambié el HDD para ampliar la capacidad del Fusion Drive a los 3TB. Al hacer el cambio,  el iMac empezó a hacer un ruido espantoso, así que tocaba abrirlo nuevamente. Los nervios me llevaron a meter la pata, y romper el conector display. Algo que cuesta demasiado dinero reparar para un Mac con tanto tiempo.

Lo irónico, es que después de roto descubrí que el problema del ruido se solucionaba con un programita. Menudo imbecil, ¿verdad? Cosas que pasan.

En definitiva, que hice un apaño y compré un monitor de 27′. Y lo uso de torre. Y a esto he sumado un segundo monitor de 27′. Así que no me hablen a mi de era post pc, porque estoy disfrutando de lo lindo cuando me pongo a trabajar en el escritorio. Y sí, tengo una Surface, ese dispositivo que estaba destinado a matar al pc de escritorio, pero eso ya es tema de otro post.

iMac como torre

La solución: Un adaptador gráfico externo usb

Al final la forma con la que he hecho funcionar es con un adaptador gráfico externo usb de Unsgreen. El aparato lleva una gráfica integrada, que es lo que posibilita que pueda usarse un segundo monitor en modo extendido, es decir, como continuación del primer monitor.

El adaptador es con usb 3.0. Funciona bien con usb 2, pero se nota algo relentizado. Lo he probado conectando la Surface y el funcionamiento con usb 3.0 es simplemente perfecto.

Es curioso, porque en un primer momento pensé que no me serviría. Pero no he tardado en acostumbrarme a ese pequeño lag que tiene la pantalla. Estoy disfrutando de lo lindo con los dos monitores.

Funcionalidad por encima de la calidad

El tema de las pantallas me ha dejado una reflexión que quiero compartir contigo. El tema es que antes tenía un iMac con una pantalla que pese a tener 7 años, se veía de escándalo. La imagen no se pixelaba, lo sé ahora que he catado otros monitores Full HD de 27′.

Sin embargo, ahora tengo dos monitores que si que pixelan ciertos aspectos de la imagen. Y para colmo, uno de ellos tiene una relentización extraña debido a que la velocidad de transferencia del usb 2 no da para más.

Pero me he adaptado y estoy disfrutando de la funcionalidad. Un uso añadido, una nueva experiencia de uso que me aporta mayor productividad con ciertas tareas.

Los últimos años hemos visto como los productos tecnológicos evolucionarán de una forma salvaje. Y oye, a todos nos gustan los gadgets que están cuidados hasta el mínimo detalle, y que aportan rendimiento y calidad en diferentes aspectos. Pero cada vez tiro más hacia la funcionalidad de la tecnología, más allá de la calidad.

No es cuestión de elegir una u otra, sino de priorizar. Y en eso cada uno tendrá su propia preferencia. Con lo que me he gastado en los dos monitores Full HD podría haber comprado un 4K de 24′. Algo que posiblemente tú preferirías. Aquí no hay recetas para el consumo, cada uno tiene sus propias prioridades y preferencias.

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